Esquí nórdico en Livigno. Diciembre 2018

Por Mariano Marcén.

Livigno, Italia.

Cualquier esquiador siente cuando llega noviembre fuertes deseos de esquiar y a veces hay que salir a buscar la nieve y los retos en otra parte. Es lo que me planteó Lucas: “quiero correr la Sgambeda,” y que si quería acompañarle. Como vas a decir que no a Livigno. Llevo años buscando la ocasión de ir.

Livigno es un enclave curioso dentro de los Alpes. Valle aislado entre montañas, y a 1816 metros de altura, durante siglos sus moradores quedaban aislados varios meses al año. Con el fin de incentivar su economía y dotarle de elementos económicos, siempre ha tenido exenciones fiscales, y actualmente no se paga IVA. Con el auge del turismo y del esquí, su economía se ha desarrollado tanto que hoy es un lugar de referencia mundial en los deportes de nieve y montaña. Unos 5000 habitantes han transformado un lugar duro y difícil en otro a donde da gusto ir, en cualquier época del año. Por centrarnos en el esquí, decir que el día 15 de octubre sacan la nieve que guardan desde el último invierno, y montan un circuito de esquí de fondo que, junto con su altitud, atraen a equipos nacionales de toda Europa. Y pronto llegan las primeras nieves, que siguen atrayendo más y más esquiadores.

La Sgambeda es la primera carrera del calendario de competiciones populares. Primer sábado de diciembre, son 30 km en técnica de patinador, en la que se apuntan unos 500 aficionados que toman la salida en un estadio en mitad de la población. Lucas realizó una buena carrera, quedando en el puesto 43, con un tiempo de 1 hora y 20 minuntos, en un día de cielo azul, sin viento y con nieve polvo. ¿Quién puede pedir más?

Una buena organización, con todo lo que suelen tener estas competiciones. La actividad organizativa de este valle abarca todo el año. Este fin de semana, el viernes hubo una carrera de 15 km para equipos profesionales, cronometrada por equipos; el sábado por la mañana la Sgambeda, y por la tarde la mini-Sgambeda, en la que tomo parte Pello Añarbe, ex Mayencos; y el domingo, 30 km en clásico para los mismos equipos que el viernes. ¡Vaya finde! Y a esquiar todos los días.

Cuentan también con un campo de tiro de biathlon con 12 calles, otro reclamo de equipos, y en donde encontramos a Roberto Piqueras, antes miembro del Equipo Militar de biathlon, y que ahora se auto financia la práctica de esta modalidad. Roberto forma parte de un equipo profesional de biathlon, en el que militan biathletas de todo el mundo, también de Australia, Nueva Zelanda, incluso de Brasil, y que dirigidos por un entrenador, y una infraestructura que les facilitan los entrenamientos y asistencia a carreras, y en el que militan unas 50 deportistas.

Y más cosas que me gustaría contar, pero ya vale. Para mí lo más envidiable ha sido ver tantos niños y jóvenes esquiando, incluso por la noche con frontales. Por cierto, los esquiadores de alpino pueden esquiar utilizando los muchos  remontes, telecabinas y telesillas, que les subirán hasta los 2750 metros, para poder bajar hasta el mismo pueblo.

Comentarios cerrados.